Qué puede hacer tu hijo los días que no tiene entrenamiento (sin quemarlo)
Un niño de fútbol base entrena con su equipo dos o tres días a la semana y juega el fin de semana. Quedan tres o cuatro días en los que el balón, en la mayoría de las casas, no sale del armario. Y sin embargo esos días son donde se decide casi todo: ahí es donde un chaval pasa de «hace lo que le dice el míster» a «mejora por su cuenta».
La trampa está en el otro extremo. Padres con buena intención que convierten cada tarde libre en una sesión, chavales de doce años con más carga que un juvenil, y en noviembre el niño ya no quiere ver un balón. Este artículo va de encontrar el punto medio: qué hacer los días sin entrenamiento, cuánto, y cuándo no hacer nada.
Primero, el mapa de la semana
Pongamos una semana típica: entrenamiento martes y jueves, partido el sábado. Los días quedan así:
- Lunes: libre. Buen día para trabajo técnico corto.
- Martes: equipo. En casa, nada.
- Miércoles: libre. Otro día de trabajo técnico, o físico ligero si el chaval lo pide.
- Jueves: equipo. En casa, nada.
- Viernes: libre, pero es la víspera del partido. Algo muy corto y suave, o nada.
- Sábado: partido.
- Domingo: el día después del partido. Descanso. El cuerpo de un niño repara y crece descansando, no entrenando.
Total: dos días de trabajo en casa con contenido de verdad, un tercero opcional y ligero. Con eso basta. Hacer más no garantiza mejorar más, y sí aumenta el riesgo de sobrecarga y de que acabe aburriéndose.
Qué hacer esos dos o tres días
Técnica, sobre todo. Es lo que menos se trabaja en el equipo (con quince niños y un solo entrenador, no da tiempo) y lo que más se puede mejorar solo. Toques, control, conducción, pase contra la pared. Entre 15 y 25 minutos. Tienes diez ejercicios concretos, con series y tiempos, en este artículo.
Un poco de físico, si tiene edad y ganas. Coordinación, agilidad y velocidad de reacción: escaleras de coordinación imaginarias en el suelo, zigzag entre botellas, arrancadas de cinco metros. Nada de pesas, nada de circuitos de cuarenta minutos. Diez minutos al final de la sesión técnica, dos días a la semana, y solo si el chaval lo disfruta.
Juego libre. El parque con amigos, el patio, el fútbol sala con los primos. No es entrenamiento pero lo es: toma decisiones, se busca la vida, prueba cosas que en un entrenamiento dirigido no probaría. Cuenta como día de balón, y no hay que interrumpirlo para hacer «ejercicios de verdad».
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Cuánto es demasiado
Una referencia para empezar: la Academia Americana de Pediatría recomienda que los chavales no entrenen ni jueguen más de cinco o seis días a la semana y que pasen dos o tres meses al año sin ese deporte (HealthyChildren.org, de la AAP). Dentro de ese marco, cada chaval es distinto.
Señales de que la carga se ha pasado de rosca, en orden de aparición:
- Pide dejar la sesión a medias, cuando antes la terminaba.
- Duerme peor, o le cuesta levantarse los días de entrenamiento.
- En los partidos va un punto lento; corre igual, pero llega tarde.
- Molestias que van y vienen: talones, rodillas, la parte de atrás del muslo. En un niño en crecimiento, esto no se «aguanta»: se para y, si sigue, se consulta.
Si aparece cualquiera de las cuatro, la respuesta no es apretar. Es quitar un día de casa durante dos semanas y ver qué pasa. Casi siempre vuelve el chaval de antes.
Cómo hacerlo sin que sea una guerra
La constancia no se consigue con disciplina, se consigue quitando fricción. Tres cosas que funcionan en casas reales:
Que sea corto y esté decidido de antemano. «Hoy toca 15 minutos: toques, control y pase contra la pared» funciona. «A ver si entrenas un rato» no funciona nunca, porque cada día hay que negociar qué y cuánto.
Que el plan cambie con la semana. Si el equipo ha tenido torneo el fin de semana, la semana siguiente debería ser más suave. Si ha estado enfermo, se retoma desde abajo. Un plan fijo pegado en la nevera es lo primero que se deja de cumplir; un plan que se adapta a lo que ha pasado es el que dura. Esto es, por cierto, lo que hace Futempo: el plan se ajusta cada semana a lo que el chaval ha hecho.
Que él vea su progreso. Un chaval que sabe que su récord de toques era 14 y ahora es 23 no necesita que nadie le empuje. Apúntalo, en una libreta o en una app, y deja que lo mire.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días a la semana debe entrenar un niño de fútbol base en total?
La Academia Americana de Pediatría recomienda que un chaval no entrene ni juegue más de cinco o seis días a la semana. Con dos entrenamientos y un partido, eso deja sitio para dos días de casa, tres como mucho, con el día después del partido siempre libre.
¿Es malo que entrene el día después del partido?
Con intensidad, sí. Un rato de juego libre suave no hace daño; una sesión técnica exigente, sí. El domingo es para recuperar.
¿Y si mi hijo quiere entrenar todos los días?
Es la mejor señal que hay, y también el momento de enseñarle que el descanso es parte del entrenamiento. Se le deja jugar, no se le deja hacer sesiones.